Virus (Capitulo 1)

Frente a la clínica, poco antes de la hora de apertura, fueron acumulándose personas que no saludaban ni miraban a los ojos. La concentración de seres humanos era silenciosa y estática, todos parecían tener la atención ocupada y no se preocupaban de lo que ocurría a su alrededor. 

El amanecer estaba a punto de hacer su aparición puntual de cada día. Por la calle circulaba una máquina de limpieza sin tripulante que iba dejando un fuerte rastro de olor a detergente industrial y producía un estridente ruido cuando sus cepillos giratorios rozaban el suelo.    

A la hora exacta se abrieron automáticamente las puertas. De uno en uno, todos los individuos pasaban por el escáner de admisión y de inmediato recibían un mensaje indicándoles la sala de espera en la que debían ubicarse.

Javi permanecía donde le habían sugerido, se sentía tenso e impaciente, hasta que por fin recibió un mensaje.

«Puede pasar a la sala de implantes»

Colocó su dedo índice sobre el lector situado junto a la puerta y esta se abrió de derecha a izquierda embutiéndose en la pared. Accedió dubitativo al interior de la estancia, la cuál le pareció muy amplia y fría. Las paredes y el techo eran de color blanco impoluto y el suelo negro brillante. No había decoración ni mobiliario, a excepción de un modelo básico de camilla de «auto-intervención médica» situada en el centro de la sala e iluminada por dos potentes focos.

«Túmbese boca arriba y espere por favor»  

Obedeció sin ningún atisbo de duda. De inmediato, por la entrada de personal autorizado, apareció una chica vestida con el uniforme de la compañía de comunicaciones, en su mano derecha llevaba un paquete plateado.

– Buenos días señor Javier. Soy Laura, implantóloga. Aquí dentro está su nuevo equipo.

– Estupendo, gracias.

– ¿Desde cuándo no se actualiza?

– Desde hace seis meses.

– Es mucho tiempo. El modelo 2030 tiene muchas mejoras con respecto al suyo. Notará el cambio desde el primer momento.

Javi esbozó una sonrisa de satisfacción al escuchar estas palabras.

– Vamos a comenzar. Por favor, quítese la camisa. Dijo Laura mientras se enfundaba unos guantes quirúrgicos.

Javi hizo lo que le habían indicado y dejó al desnudo brazos y torso. Laura insertó en el conector terapéutico de la muñeca de su cliente un conducto que provenía de una «mini-bomba de infusión continua» integrada en la camilla, esta había sido cargada con el fármaco utilizado para este tipo de intervención. Pocos segundos después, Javi se sintió completamente relajado

– Imagino que está informado de que se mantienen el puerto de entrada salida de su muñeca izquierda y la antena receptora nasal del modelo anterior. Dijo Laura.

Javi hizo un gesto de extrañeza, pero no pronunció palabra alguna. Al ver su reacción, Laura comenzó a darle nuevas explicaciones.

– En los datos de condiciones de la promoción estaba claramente especificado. Si lo desea se pueden sustituir por otros nuevos, pero le supondrá un coste adicional.

Javi había leído varías veces los términos del contrato antes de aceptar el nuevo implante y no se percató de ese detalle. Pensaba que todos los componentes serían nuevos, por lo que se sintió un poco confundido y molesto consigo mismo. Con muy poca convicción pensó en protestar, pero temía mucho entrar en conflictos y aún más con una mujer que parecía tan segura de sí misma. Así que soportó este detalle sin poner ninguna oposición.   

– Si, me quedo con los antiguos. Hasta ahora están funcionando bien.    

– Perfecto. Lo primero que haremos será descargar la base de datos de su actual «I-Ciborg» en nuestro servidor de almacenamiento provisional y después procederemos a la desinstalación. Dijo Laura.

En pocos minutos el antiguo kit estaba desconectado del organismo de Javi, Laura rozó con su dedo índice un sensor de la camilla y un cajón se abrió automáticamente. Con sumo cuidado colocó dentro los elementos desinstalados.

– El siguiente paso consiste en implantarle los componentes del nuevo dispositivo. Explicaba la implantóloga mientras manipulaba el envoltorio del conjunto de dispositivos tecnológicos de última generación.

Laura ejecutaba con seguridad y precisión su trabajo, seguía a rajatabla los procedimientos establecidos. Con ayuda de un útil traspasó la yema del dedo meñique de la mano derecha de Javi para introducirle la micro cámara de captación facial propia, después realizó la misma acción en el resto de dedos con los cuatro nanoproyectores.

El hombre estaba embelesado, observaba la eficacia con la que la chica realizaba todas las operaciones, se sentía muy atraído por la forma en la que se movía.

A continuación, de un pequeño estuche con forma de ocho sacó las lentillas, habían estado embaladas allí desde su fabricación. Las alojó minuciosamente sobre las corneas de Javi, cada cual en el ojo que le correspondía.

Los auriculares miméticos eran el accesorio más sencillo de colocar, puesto que solo había que introducirlos por el orificio auditivo hasta llegar al borde del tímpano. Para instalarlos, Laura aproximó su cara a la de Javi y este contempló en primer plano sus fascinantes ojos, estaban llenos de matices de diversas tonalidades verdosas.

Laura apoyó ligeramente la mano izquierda en el torso de Javi y con la derecha introdujo la «auto-batería orgánica», era la más reducida en tamaño de la historia de este fantástico invento que en su día revolucionó el mundo. Se introducía a través del esternón utilizando la hendidura que para tal efecto se había practicado a miles de millones de personas por todo el planeta desde hacía una década. A Javi se le erizó todo el vello del cuerpo cuando sintió la suave presión de los dedos de Laura sobre su torso.

– Por favor colóquese boca abajo. Dijo Laura sacando una pluma precargada de la caja.

– Ahora no se mueva, está operación es muy delicada.  

Palpó la nuca del cliente para encontrar el punto apropiado de inserción y posicionó sobre él la punta de la aguja, esta se introdujo hasta el centro neuronal del bulbo raquídeo para alojar allí la micro-CPU del tamaño de un grano de arroz, pero con trescientos millones de giga-hercios de velocidad de procesamiento y con una memoria integrada de veinte millones de tera-bytes. Javi apenas sintió dolor gracias a las drogas que estaba recibiendo de manera continua.         

– ¿Cómo se encuentra?

– Muy bien. Dijo Javi

Laura asintió mientras manipulaba la centralita de la camilla con el objetivo de cambiar el suministro de analgésicos por el de las enzimas necesarias para la carga de la batería orgánica.

En cinco minutos el nuevo sistema ciborg estaría en servicio. Entretanto, Laura acopló un cable bidireccional entre su puerto de entrada-salida y el de su cliente, de esta forma podría monitorizar el nuevo equipo en cuanto estuviera activo.

Javi comenzó a sentirse nervioso, respiraba aceleradamente y notaba presión en el pecho. Miró a la chica en busca de compañía, pero ella estaba pendiente del proceso de carga. Los pocos minutos que transcurrieron hasta que Laura recibió un mensaje se le hicieron eternos.

“Sistema I-ciborg 2030 operativo»

Ella seleccionó la opción «chequear equipo» y al cabo de unos segundos recibió una nueva comunicación.

«Sistema y periféricos funcionando a pleno rendimiento»

Activó la transferencia de la copia de seguridad a la nueva memoria por vía inalámbrica.

«Transmisión de datos completada»

Laura observó el temporizador y comprobó que tan solo en veintidós minutos había completado el proceso, entonces sonrió satisfecha. Pensó que estaba siendo muy eficaz ejecutando su trabajo últimamente y la repercusión que esto podría tener en las estadísticas mensuales del analizador de empleados. Además se había presentado voluntaria la semana anterior como probadora del prototipo 2031, le producía ciertas molestias puesto que estaba en fase de ajustes y todavía había aplicaciones que no funcionaban de forma correcta, pero pensó que el sacrificio merecería la pena para seguir promocionando dentro de la compañía.

– Señor Javier, su nuevo equipo está activo. Ahora recibirá un mensaje para actualizar el software en su última versión. Elija aceptar por favor.

– Me acaba de llegar, es la versión séptima. ¿Verdad?

– Si, exacto. Precisamente fue cargada ayer en el servidor, incorpora algunas mejoras con respecto a la sexta y muchas más con la que tenía en su equipo antiguo.

– De acuerdo, la estoy instalando. Dijo Javi.

Durante la espera, Javi agachó la cabeza sin saber hacia dónde mirar. Mientras, Laura se quitó los guantes y se dedicó a visionar mensajes de vídeo en la proyección holográfica de su mano derecha sin prestar atención alguna al cliente. Javi suspiró intentando calmar su desesperación, no estaba acostumbrado pasar ni un minuto sin nada con lo que entretenerse.

«Software actualizado satisfactoriamente»

– Bueno, hemos terminado. El cargo se efectuará automáticamente en su cuenta de usuario. Dijo Laura desconectando el cable que los unía.

– El servicio técnico pos-venta por conexión remota es totalmente gratuito durante los próximos diez días por si surgiera cualquier tipo de problema. Y la garantía del hardware es de por vida. ¿Desea saber algo más?

Javi quería conversar con Laura, ahora tenía la oportunidad perfecta para hacerlo, pero sus pensamientos no fluían, estaba bloqueado y no se le ocurría nada que decir para empezar un dialogo con la atractiva mujer.

– No, gracias por todo. Dijo contradiciendo sus propios deseos.

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