Puedes leer el capítulo anterior en este enlace: Virus (Capítulo1)

En cuanto James salió por la puerta dejaron de afectarle los inhibidores de cobertura de los que estaba provista la clínica, entonces comenzó a recibir mensajes y alertas. Se acomodó en un asiento de una zona habilitada para la conexión segura, existían miles similares repartidas por toda la ciudad. De forma compulsiva comprobó redes sociales, noticias y cuentas bancarias. Alterno el visionado de vídeos de distinta temática con la escucha de fragmentos de canciones, generadas ese mismo día, de la lista de éxitos. Después de una hora en estas ocupaciones, suspiró durante un instante y estiró por instinto las cervicales mientras entrecerraba los párpados. Inmediatamente su atención volvió al sistema para hacer una vídeo-llamada que pronto fue contestada.

— Hola Jimy, ¿Cómo vas?

— Ya lo tengo instalado. Mark.

— Ya era hora, creo que eras el único junto a papá que seguía con ese viejo cacharro. Dijo Mark con ironía.

— No te pases tampoco.

— Es broma hombre… ¿A que es la caña?

— Desde luego, es mucho más rápido y la calidad holográfica es genial. Las nuevas opciones están muy curradas también.

— Te lo dije, te lo has estado perdiendo todo este tiempo. Bueno, me alegro de que por fin te hayas decidido.

– Decidido estaba desde hace tiempo, pero he tenido que esperar a que sacaran una buena oferta.

— Si, desde luego ha sido un ofertón, me huele que tiene que estar al caer un nuevo modelo. Pronto empezaran a bombardearnos con anuncios. Ya lo verás.

— Pues no sé que decirte, porque precisamente ha salido una nueva actualización del software ayer mismo.

— Si. Lo sé, pero eso no tiene nada que ver, cada mes sacan una nueva.

– Ah. Entonces puede que tengas razón. —Dijo James contrariado.

— Te lo garantizo. Yo estoy deseando que lo saquen, tiene que ser flipante. —Dijo Mark.Bueno Jimy, te dejo, voy camino del gimnasio y tengo que revisar un montón de mensajes pendientes del trabajo. Te veo muy buena cara, se nota que estás contento.

— Gracias. ¡Adiós Mark!

— ¡Hasta luego tío! Que lo disfrutes.

Mark miró la hora en la pantalla del vehículo auto-pilotado que lo transportaba y comprobó que faltaban cinco minutos para llegar a su destino. Se centró en su sistema para resolver encargos urgentes, pero le costaba mucho concentrarse, porque le llegaban nuevas comunicaciones de forma incesante. Estaba sumido en una multitud de tareas simultáneas cuando, de repente, notó un dolor punzante en la parte frontal de su cabeza.»Vaya, otra vez.» Pensó.

Lo había sentido varias veces desde que despertó, pero en esta ocasión era más persistente. Comenzó a sudar y a tener escalofríos. Notó también una sensación fatigosa en el estómago.»Joder, ¿Qué me pasa?» Se dijo mientras entraba en la opción de «CHEQUEO VITAL».

“Tensión por encima de los parámetros normales”

“Temperatura corporal elevada”

“Ritmo cardíaco en taquicardia”

Revisó el resto de parámetros y, la mayor parte también estaban alterados. Eligió la opción «ANÁLISIS SANGUINEO». Que el sistema ejecutó al instante. Algunos de los resultados aparecían reflejados en color rojo parpadeante. A Mark se le hizo un nudo en la garganta, tragó saliva para disolverlo y seleccionó la opción «DIAGNOSIS».

“Diagnostico indeterminado ¿Desea comunicarse con su médico?…”

Al momento y muy nerviosos aceptó la propuesta. Transcurrió muy poco tiempo hasta que el algoritmo de triaje estableció cual era la opción que más se ajustaba al caso.

“No podemos tratar su patología remotamente, sería conveniente que se dirigiera al hospital de área”

“Ruta más rápida calculada, ¿Acepta cambiar su destino actual?”


Cuando salió del vehículo los rayos de sol lo cegaron hasta que las lentillas biónicas se ajustaron para corregir el paso de luz, entonces se mareó. Las náuseas fueron insoportables, dobló la espalda sujetándose el estómago con la mano y vomitó en la entrada del hospital. Acercó la yema del dedo al lector de la entrada mientras se tambaleaba y la puerta se abrió.

“Señor Mark, siéntese en el asiento de traslado, este le transportará hasta la consulta”

Mientras la silla motorizada avanzaba por los amplios pasillos del enorme edificio fue calmándose. La regurgitación le había aliviado un poco. Por el camino se cruzó con otros pacientes a los que no saludó ni le saludaron. No tardó en llegar a la sala de espera en la que solo había una chica, durante un segundo ambos se miraron.

A Mark le resultó guapa y elegante. Llamaba la atención un vendaje manchado de sangre que le cubría casi toda la mano izquierda de la muchacha. La silla se detuvo dejando muy cerca al uno del otro. Mark percibió la fragancia que desprendía la joven, esto le hizo sentir una sensación extraña y deseó hablar con ella, pero no se le ocurría ninguna forma de comenzar una conversación, por lo que reprimió el impulso.

Su sistema comenzó a recibir mensajes de diferentes ofertas de ocio para amenizarle la espera. Eligió una película de acción generada la semana anterior, la estuvo visionando durante dos minutos, pero se despistó con otras aplicaciones y su mente entró el modo multi-tarea hasta que recibió otro mensaje.

“Su turno señor Mark, permanezca sentado y será transportado a la consulta”

Levantó la cabeza y miró a su alrededor, la chica había desaparecido, se sintió contrariado, estaba tan absorto en sus pasatiempos que no se percató del momento de su marcha.

Charles revisaba en la palma de su mano los datos del informe de Mark. Estaba agotado, doblaba turno y llevaba trabajando desde las diez de la noche del día anterior, además la mañana había sido espantosa. La puerta se abrió y entró el paciente, ambos se saludaron sin mirarse a los ojos.

— Por favor túmbese en la camilla. —Dijo el médico. Mark volvió a sentir nauseas cuando se levantó de la silla y un intenso malestar se apoderó de todo su cuerpo.

— Uf, no me encuentro bien. —Dijo el enfermo agarrándose a Charles.

— Vale, tranquilo. Yo le ayudo.

A Mark le reconfortó escuchar estas palabras y sentir el contacto físico con otro ser humano. A duras penas y, apoyando su peso en el médico, consiguió llegar hasta la camilla. Una vez tumbado, le pareció que el techo giraba a gran velocidad.

— Estoy muy enfermo doctor, cúreme por favor.

Charles conectó al paciente a la camilla de última generación, que automáticamente comenzó a monitorizarlo mientras le suministraba medicación. Unos segundos después Mark estaba sedado y había dejado de quejarse. Soñó que descansaba en su cama. Junto a él, una chica completamente desnuda, no veía su rostro, pero la reconoció. «La de la sala de espera.» Se incorporó un poco y movió su mano con intención de acariciarla, pero cuando le tocó la cintura, una capa de podredumbre se extendió desde el punto de contacto a través de todo el cuerpo de la muchacha y, finalmente, esta se descompuso en miles de cucarachas de color anaranjado.

Mark, asustado, intentó levantarse de la cama, pero la cubría un fluido peguntoso que se le adhería por toda la piel y le impedía moverse. Miró con horror cómo los insectos trepaban por su cuerpo y se le introducían por la boca, nariz y orejas. Los vasos sanguíneos de las extremidades se le hinchaban dolorosamente conforme entraban más bichos en su organismo. Intentó chillar, pero su faringe, repleta de insectos, no podía realizar su función.

El enfermo comenzó a convulsionar. De inmediato, Charles seleccionó en su sistema la opción de «SOLICITUD DE APOYO». La camilla suministraba el tratamiento calculado por su procesador, pero el paciente no reaccionaba.

— Necesito asistencia urgente, tenemos otro caso… —Solicitó el médico desde su sistema.

De repente, Mark se quedó inmóvil. Las cucarachas habían desaparecido y también el pegamento. Se sintió muy relajado y ligero, tanto que empezó a elevarse para flotar sobre la cama. La habitación estaba muy iluminada. Mirando hacia abajo, observó al doctor hablando muy agitado, pero Mark no era capaz de escucharlo.

— El paciente ha entrado en fibrilación ventricular. Preparando reanimación. ¡Retírense de su cuerpo! —Ordenó una voz impersonal a través de los altavoces de la camilla.

Una cúpula transparente y alargada cubrió por completo el cuerpo del enfermo y varios mecanismos se activaron. Primero, un tubo con una mascarilla en su extremo, descendió hasta la cara de Marcos y después, unas placas metálicas unidas a unos brazos mecánicos, se desplazaron hasta su pecho, entre ellas se generó una diferencia de potencial que produjo circulación de corriente a través del corazón del paciente. Cuatrocientos julios de energía provocaron que el cuerpo de Mark se removiera como si fuera un peluche zarandeado por un niño.

— El paciente ha entrado en asistolia. Procedemos al masaje cardíaco. —Dijo la robótica voz.

Un remanso de paz fue apoderándose del alma de Mark que, aun gravitaba por encima del médico y las dos asistentes que acudieron a la llamada. Entonces, una suave y templada corriente de aire lo atrajo por la espalda. Giró su cabeza y observó en la distancia un círculo irregular iluminado por una claridad abrumadora. No podía ni quería resistirse, la cálida luz lo seducía. Descansado como nunca, sin molestias ninguna, ausencia de pensamientos y muy calmado. Todo perfecto…

— Reanimación interrumpida. El paciente ha fallecido. —Informó la camilla.

— No me lo puedo creer, la compañía tiene los mayores avances tecnológicos de la historia médica y no hemos podido hacer nada para salvar a este chico. —Lamentó una de las enfermeras.    

— Es el quinto. Ha muerto más gente en dos horas que en todo el tiempo que llevo trabajando aquí. ¿Qué está pasando? —Preguntó la otra mirando a Carlos con gesto compungido.   

— No lo sé. Por lo menos este entró en el hospital por su propio pie y hemos tenido tiempo para analizarlo. —Dijo Carlos mientras escogía la opción «CAUSA DE LA MUERTE».

«Indeterminada»

Eligió entonces «MOTIVO MÁS PROBABLE».

«Noventa por ciento de probabilidad de Infección viral por patógeno desconocido»

— Puede ser una epidemia. Habrá que activar el protocolo. Tenemos que avisar a las autoridades y poner el hospital en cuarentena…

Continua leyendo la historia haciendo clic en el siguiente enlace: Virus (Capítulo 3)

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