Virus (Capítulo 9)

Puedes leer el capítulo anterior en este enlace: Virus (Capítulo 8)

– ¿Y qué hacemos ahora con este?

– Tranquila. Tengo una idea. Vamos, seguidme. Dijo Carlos.

– ¿A dónde? Dijo Rubén.

– Eso. ¿A dónde? Repitió Laura irritada.

– Paciencia, ahora lo veréis. Vamos, no podemos perder más tiempo. Dijo Carlos mientras avanzaba de nuevo hacia el ascensor.

Nada más acceder a la última planta del hospital, percibieron un fuerte murmullo al otro extremo del pasillo. Las paredes estaban pintadas de llamativos colores y adornadas con personajes fantásticos de cuentos, películas y dibujos animados. Al final del corredor había una puerta con un letrero en el que podía leerse:

«SALA DE MULTIENTRETENIMIENTO».

De allí procedía la estridente algarabía de gritos y otros sonidos de diferentes tonalidades.

Carlos abrió la puerta. La escena que se presentó ante sus ojos hablaba por sí sola. La estancia era muy amplia, casi tanto como un campo de pádel, pero parecía empequeñecida ante las decenas de niños y niñas de diferentes edades que realizaban diversas actividades interactivas. Todos estaban conectados por sus sistemas a los innumerables equipos de ocio instalados por toda la sala: Juegos de realidad virtual, visionado de contenidos multimedia, conexiones a documentos interactivos…

Las pupilas de Rubén se dilataron, una ilusionante sensación se originó en su estómago y fue subiéndole por el pecho hasta llegar a su cabeza. Toda la amargura que llevaba acompañándolo, en menor o mayor intensidad, desde el momento que conoció a Laura se disolvió en un instante. Ansiaba acercarse a alguno de los dispositivos libres que tanta felicidad le aportaría, pero su personalidad cautelosa se lo impedía. Entonces Carlos se dirigió a él.

– Vamos Rubén. A qué esperas puedes utilizar lo que quieras. Mientras nosotros estamos en el laboratorio. ¿De acuerdo?

Era justo la frase que deseaba escuchar. Avanzó por la habitación observando cada uno de los pasatiempos punteros en tecnología, intentando decidir cuál utilizar primero. La mayoría de los niños ni se percataron de su presencia y los que lo hicieron no se distrajeron en ello más de unas milésimas de segundo. Al fin decidió colocarse un traje adaptado para realidad virtual y después se subió a una plataforma móvil desde la cual podía iniciar el juego. Antes de conectarse echó un último vistazo hacia la entrada, quizás en busca de una última aprobación de Laura y Carlos, pero la puerta volvía a estar cerrada y junto a ella no quedaba ni rastro de los hermanos.


– Laura, conéctate a cualquiera de estos terminales. Todos te darán acceso a la información recabada sobre el virus en las últimas 24 horas. Pero solo tienes permisos de lectura, si quieres que hagamos cualquier cálculo o experimento lo tendremos que hacer desde mi sistema. Dijo Carlos cuando entraron en el laboratorio.

– De acuerdo. Voy a ello.

Laura empezó a revisar cientos de datos sobre síntomas, analíticas, tratamientos suministrados, autopsias. Pero la conclusión era desalentadora, en ningún lugar del mundo se había conseguido aislar al virus. Por supuesto se trataba de un patógeno extraño y más virulento que ninguno jamás conocido hasta la fecha. No se había determinado con mucha precisión el tiempo medio desde el momento del contagio hasta manifestación de los primeros síntomas. Pero desde que estos aparecían, en un máximo de 8 a 10 horas, sobrevenía la muerte a todos los pacientes sin excepción.

– Carlos, lo que no me cuadra es su velocidad de propagación. ¿Cómo puede ser que existan casos en lugares tan alejados con tan poco tiempo de diferencia? Mira, el primer afectado del que se tiene constancia fue en Tokio, dos minutos más tarde aparece otro en Río de Janeiro, cuarenta segundos después en Toronto. Y en un plazo de 30 minutos miles a lo largo y ancho del planeta.

– Si. Pero no es lo único sorprendente. Fíjate en esto. Dijo Carlos girando la pantalla de su ordenador hacia su hermana, en ella se podía observar un mapa del mundo salpicado con los colores verde, amarillo, naranja y rojo en forma aparentemente aleatoria.

– Está dividido por países, en rojo los que tienen más casos de infecciones por habitante y en verde los de menos. Te das cuenta de que en los países tercermundistas existen muchos menos casos.

– Quizás haya razas inmunes. Dijo Laura.

– Si. Eso pensé yo también. He intentado leer los informes de estos países que la compañía procesa automáticamente junto con una estadística con diferentes variables, entre ellas las razas. Lo malo es que estos documentos se confeccionan en el idioma de origen, pero mi sistema tiene un error en el traductor y no he podido verificar estos datos.

– Ah. Si. Es uno de los errores de la versión sexta del ciborg 2030. Pero en la séptima está subsanado. La actualización está disponible desde antes de ayer… ¿Es que no te has actualizado?

– No. Que va. Recibí el mensaje pero me pilló muy liado. Hoy me han vuelto a avisar varias veces pero con todo el problema que tenía en lo alto no me he podido parar a eso.

– ¡Anda ya! Si en eso se tarda cinco minutos. Reconoce que siempre has sido muy dejado para esas cosas. Dijo Laura con una media sonrisa.

– Venga actualízalo en un momento y podremos mirar a fondo esos informes.

– Vale, voy a ello. Dijo Carlos mientras comenzaba a ejecutar con desgana la tarea que su hermana le había indicado.

Laura se sintió un poco mareada y decidió salir del asfixiante laboratorio para respirar aire más limpio y también buscar algo que beber. Recordó que había visto una expendedora de aperitivos y refrescos junto a la sala donde dejaron a Rubén.

Sacó una coca-cola y se dejó caer en uno de los asientos que había junto a la máquina. En ese momento se hizo consciente de lo cansada que estaba. Echó la cabeza hacia atrás mientras realizaba una respiración lenta y profundas y, sin pretenderlo, comenzó a analizar todas las experiencias de ese duro día.

Desde que se levantó y fue a trabajar casi no había tenido descanso. La mañana transcurrió mientras hacía implantes. Recordó al guapo pero tímido chico que de forma tan ansionsa deseaba cambiar su obsoleto sistema. Pensó en la cara que podría cuando se enterara de que en menos de un mes saldría el nuevo modelo que ella misma tenía insertado en su organismo. Después pensó en Clara agonizando y también en la desfigurada mujer del Taxi. Siguió rememorando todas las traumáticas circunstancias por las que había pasado en orden cronológico. La vertiginosa carrera que experimentó junto a Rubén para esquivar a los saqueadores del polígono industrial y otra vez se visualizó corriendo, perseguida esta vez, por el loco de la entrada del hospital.

Sin darse cuenta, se activó de nuevo el modo investigación de su cerebro. Pensó en las personas con las que se había encontrado sin síntomas de la enfermedad, todos eran inadaptados. Comenzó a atar cabos. Era evidente que por motivos económicos la gran mayoría de habitantes del tercer mundo también serían inadaptados.

– Puede que algo en el sistema ciborg esté atacando a sus huéspedes. Pensó mientras daba un largo trago a su coca-cola.

– Imposible, cada nuevo modelo pasa unas estrictas medidas de seguridad y además se usan voluntarios para probarlos. Pensó mientras un cosquilleo le recorría desde la nuca a la parte alta de la cabeza.

Su mirada se quedó por unos segundos fija en los implantes de sus dedos, hasta que algo la impulsó a ponerse en pie para asomarse por los ventanales de la sala donde los chavales se movían sin presentar el más mínimo atisbo de enfermedad. Entonces dirigió la mirada hacia el anagrama de la compañía de comunicaciones que lucía en el bolsillo de su camisa. Una sensación de pánico recorrió su pecho al recordar el momento en que el gigantón de la entrada le había increpado; Las palabras de este resonaron con total nitidez en su cabeza. 

– “Pero… Tu eres una de ellos, vosotros tenéis la culpa de lo que le está pasando a mi niña.

El vello de los brazos se le erizó mientras su boca se abría al mismo tiempo. De forma involuntaria se llevó las manos a la cara mientras se le tensaban todos los músculos del cuerpo. Entonces pronunció en voz alta el nombre de su hermano.

Continuará

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